Historia de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España

De los primeros movimientos asociativos del siglo XIX a la Academia actual, integrada en el Instituto de España.

La historia de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España es el resultado de más de dos siglos de evolución del pensamiento veterinario y del esfuerzo continuado por dotar a la profesión de espacios científicos estables y reconocidos. Desde finales del siglo XVIII, cuando la veterinaria comenzó a organizarse académicamente siguiendo el modelo francés, surgieron en España iniciativas que buscaban articular la investigación, el debate y la formación continua en torno a sociedades y academias profesionales.

A lo largo del siglo XIX, figuras como Nicolás Casas impulsaron con determinación la creación de corporaciones científicas que permitieran a los veterinarios compartir conocimientos, publicar estudios y participar en el desarrollo de la ciencia. Aunque las primeras academias y sociedades surgidas en Madrid y otras ciudades atravesaron periodos de intensa actividad, también se vieron afectadas por tensiones internas, restricciones administrativas y la compleja situación política del momento. A pesar de su inestabilidad, aquellas experiencias marcaron el inicio del asociacionismo científico veterinario en España.

Durante el siglo XX, los colegios profesionales, las academias regionales y diversas instituciones civiles y militares continuaron este legado, consolidando un tejido científico que desembocaría en la creación, en 1975, de la Academia de Ciencias Veterinarias de Madrid. Su reconocimiento oficial, la concesión del título de Real en 1988 y su integración como academia asociada al Instituto de España en 1990 ampliaron su ámbito de actuación hasta configurarse como una institución científica nacional.

En 2014, con la aprobación de sus estatutos mediante Real Decreto, la Academia reafirmó su misión: promover el estudio, el progreso y la difusión de las ciencias veterinarias en España, fortaleciendo una tradición académica que hunde sus raíces en los primeros movimientos científicos del siglo XIX.

1. Orígenes y primeras asociaciones (siglos XVIII–XIX)

Durante buena parte del Antiguo Régimen, la actividad veterinaria fue considerada más un arte práctico que una ciencia, con un reconocimiento social inferior al de la medicina y la cirugía. Los estudios de veterinaria, organizados de forma reglada, no se consolidan hasta la segunda mitad del siglo XVIII, primero en Francia y después en el resto de Europa. El modelo francés se convierte en referencia, tanto por la apertura de Escuelas de Veterinaria como por la integración progresiva de los veterinarios en academias científicas y agrícolas.

En Francia, ya desde 1820 la Academia de Medicina reserva sillones específicos para veterinarios, que también se incorporan a otras corporaciones como las Academias de Agricultura y de Ciencias. Este marco asociativo impulsó la creación de numerosas sociedades científicas veterinarias, hasta el punto de que en 1850 existían ya cerca de veinte asociaciones de este tipo. A través de publicaciones y boletines profesionales, estas experiencias francesas llegan a España y generan un vivo debate sobre la conveniencia de crear sociedades veterinarias análogas en Madrid y en las provincias. En este contexto se sitúan las primeras propuestas de Nicolás Casas y otros autores para organizar corporaciones científicas veterinarias en nuestro país, germen de la posterior tradición académica.

2. Nicolás Casas y las primeras academias veterinarias españolas (1834–1870)

Nicolás Casas de Mendoza, académico de la Real Academia de Ciencias Naturales desde 1835 y figura central de la veterinaria española del siglo XIX, impulsa de manera persistente la creación de sociedades científicas veterinarias. Bajo su dirección de la Escuela de Veterinaria de Madrid y del Boletín de Veterinaria, promueve el asociacionismo profesional siguiendo el modelo francés, aunque se enfrenta a importantes resistencias legales y corporativas.

En 1850 se instala en la Escuela Superior una primera Academia de Medicina Veterinaria, promovida por alumnos para debatir cuestiones científicas. Sin embargo, el Reglamento General de Instrucción Pública de 1851 prohíbe este tipo de asociaciones de escolares y la experiencia queda truncada. Poco después aparece la Academia Médico-Veterinaria Matritense, con participación de profesores y alumnos, pero las tensiones internas, las limitaciones impuestas por la Administración y las discrepancias personales impiden su consolidación.

Casas continúa abogando por una sociedad científica estable y, tras diversos intentos, en 1854 se constituye la Sociedad de Medicina Veterinaria de España, cuyos estatutos se inspiran en modelos europeos recientes. De ella deriva la llamada Academia Española de Veterinaria, organizada a mediados de la década de 1850. No obstante, las divisiones internas, los conflictos personales, la compleja situación política y la dificultad para extender la actividad a provincias conducen a una progresiva decadencia, hasta su práctica desaparición hacia 1870.

3. Proliferación de academias y crisis del modelo (segunda mitad del siglo XIX)

La segunda mitad del siglo XIX está marcada por una intensa, y a menudo conflictiva, proliferación de asociaciones científicas veterinarias. Surgen entidades como La Unión Veterinaria, la Sociedad Científica “Los Escolares Veterinarios” y una nueva Academia Médico-Veterinaria, junto a múltiples sociedades locales vinculadas a revistas profesionales. Muchas de estas corporaciones nacen impulsadas por figuras destacadas —como Juan Téllez Vicén, Leoncio Francisco Gallego o Rafael Espejo— que utilizan la estructura académica como plataforma de influencia profesional y doctrinal.

Las memorias y crónicas de la época reflejan un clima de enfrentamientos personales, rivalidades entre catedráticos, discrepancias sobre el ejercicio profesional —especialmente en torno al herrado y las atribuciones de los albéitares— y tensiones ideológicas, en un contexto político frecuentemente convulso. Autores como Sanz Egaña subrayan el carácter partidista de muchas de estas academias, en las que, según su juicio, faltó continuidad científica y sobraron intrigas y “politiquilla menuda”. A pesar de intentos de coordinación, que desembocan en la Liga Nacional de los Veterinarios Españoles tras el primer Congreso de Veterinarios de 1883, buena parte de estas corporaciones tienen una vida corta y acaban extinguiéndose. La experiencia, sin embargo, deja un importante poso asociativo y evidencia la necesidad de estructuras científicas más estables y cohesionadas.

4. Del asociacionismo científico a los colegios y academias regionales (1900–1970)

Con el cambio de siglo, el protagonismo del asociacionismo veterinario se desplaza progresivamente desde las academias hacia otros formatos, como los congresos científicos y los Colegios Oficiales de Veterinarios. En el ámbito militar se crean sociedades de sanidad en Barcelona (1911), Melilla (1913) y el Ateneo de Sanidad Militar de Madrid (1914), que agrupan a médicos, farmacéuticos y veterinarios y organizan sesiones científicas periódicas hasta finales de la década de 1910.

Paralelamente, en el seno de diversos colegios profesionales surgen academias y seminarios de ámbito provincial o regional: la Academia de Veterinaria Leridana y las posteriores “Tertulias Veterinarias” vinculadas al Colegio de Lérida; el Seminario de Ciencias Veterinarias de Barcelona y, más tarde, la Academia de Ciencias Veterinarias de Barcelona; la Academia de Ciencias Veterinarias de Valencia y otras corporaciones similares en Andalucía Oriental y Sevilla. Muchas de ellas acaban integradas en estructuras autonómicas de academias o asociadas al Instituto de España.

Estas experiencias consolidan una tradición de debate científico, lectura de memorias, organización de conferencias y publicación de trabajos, estrechamente ligada a los Colegios Oficiales. A la vez, ponen de manifiesto el interés de la profesión por contar con una academia de ámbito nacional que represente al conjunto de las ciencias veterinarias españolas en el máximo nivel institucional y académico.

5. Fundación y consolidación de la Academia de Ciencias Veterinarias de Madrid (1975–1990)

En los años setenta del siglo XX, el Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid retoma la aspiración histórica de dotar a la profesión de una academia moderna. Bajo la presidencia de Antonino López Suárez y con el impulso de figuras como Carlos Luis de Cuenca y Esteban, Cristino García Alfonso y Félix Sanz Sánchez, se elabora un proyecto de estatutos que permite constituir en 1975 la Academia de Ciencias Veterinarias de Madrid. La nueva corporación se organiza en varias secciones científicas que abarcan las principales áreas de la disciplina (ciencias básicas, medicina veterinaria, zootecnia, industrias pecuarias, sanidad, historia y deontología, entre otras).

La Academia celebra su sesión inaugural el 10 de junio de 1975 en la Facultad de Veterinaria de Madrid y, desde el inicio, cuenta con el apoyo de las autoridades académicas, colegiales y administrativas. El Colegio y la naciente Academia son recibidos en audiencia por el Jefe del Estado y por el entonces Príncipe de Asturias, quienes conocen de primera mano el proyecto y las aspiraciones de la profesión veterinaria.

En 1985 el Ministerio de Educación y Ciencia reconoce oficialmente la Academia y aprueba sus estatutos de régimen interno. En 1988, Su Majestad el Rey autoriza el uso del título de “Real”, y en 1990 la corporación se incorpora como Academia asociada al Instituto de España, convirtiéndose en la primera de este tipo en integrarse en dicho organismo. A finales de los años noventa se amplía su ámbito de actuación, que deja de ser estrictamente madrileño para adquirir alcance nacional.

6. La Real Academia de Ciencias Veterinarias de España en la actualidad (1997–2014 y posteriores)Su título va aquí

A partir de 1997 la entidad consolida su condición de academia de ámbito nacional, con la denominación de Real Academia de Ciencias Veterinarias, reflejada en los estatutos aprobados por Orden de 27 de julio de 2001. La corporación se configura como una institución científica con personalidad jurídica propia, asociada al Instituto de España, dedicada a promover el estudio, la investigación y la difusión de las ciencias veterinarias en sus diversas vertientes.

El Real Decreto 1160/2010, que regula el Instituto de España y las academias de ámbito nacional, abre una nueva etapa normativa. En este marco, la Real Academia impulsa la actualización de sus estatutos para adaptarlos al Estado autonómico y reforzar su papel dentro del sistema académico español. Tras un proceso interno de elaboración y debate, la propuesta de nuevos estatutos es aprobada en Junta Plenaria en 2012 y remitida al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El 11 de marzo de 2014 se publica en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto por el que se aprueban los actuales Estatutos de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España. En ellos se detallan su estructura, categorías de académicos, relaciones con otras academias autonómicas, funciones y régimen interno. La institución, que ha venido celebrando sus sesiones en la sede del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, continúa desarrollando una intensa actividad científica, asesorando a las administraciones públicas, impulsando publicaciones y manteniendo viva la tradición académica veterinaria española en el marco del Instituto de España.